Las Señales del Nuevo Nacimiento

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Autor: Gregorio Guevara Estela
Asesor: Mg. Raúl Hinojosa S.
Seminario Teológico Latinoamericano
Ensayo Expositivo
Lima Perú
2023

Introducción
Cada fin de año es ocasión para reflexionar sobre el tiempo pasado, logros alcanzados,
crisis vividas, pérdidas irrecuperables. Pero también, surge el optimismo y la esperanza cuando
se piensa en el futuro, en otros comienzos. Jesús habló del nuevo nacimiento en un encuentro que
sostuvo con Nicodemo. Podríamos preguntarnos en base a lo anterior: ¿Habrá algunas señales
que den evidencia de que hemos nacido de nuevo, tal como lo dice Jesús? Hay quienes
consideran el bautismo como un acto de inicio del nuevo nacimiento; para otros, es la decisión
de fe llamada conversión; y hay quienes sostienen que la evidencia de ser nacidos(as) de nuevo
es una vida cambiada pero de abstención de vicios más que de propuestas de vida nueva. Tener
claridad en cuáles son las señales del nuevo nacimientos es un asunto de suma importancia. En
mi opinión, las señales del nuevo nacimiento son la fe auténtica, la esperanza viva y el amor
verdadero. Por lo tanto, en este ensayo nos proponemos explicar a los creyentes de la iglesia las
señales del nuevo nacimiento desde un enfoque de tradición wesleyana.

Ubicándonos en contexto
El encuentro de Nicodemo con Jesús está precedido por el relato de “muchos creyeron
en su nombre al ver las señales que hacía” (Jn 2:23) en Jerusalén. Y se mencionan el haber
convertido el agua en vino y el haber echado del templo a vendedores y cambistas. Después de
haber recibido la visita de Nicodemo Jesús fue con sus discípulos a tierras de Judea (3:22).
Nicodemo era líder y maestro de un grupo religioso de prestigio en ese entonces: fariseo. Sin
embargo, tuvo necesidad de tener un encuentro cara a cara con Jesús y así lo hizo.


La fe auténtica
Nicodemo es un creyente pero cuya fe no le alcanza para “ver el reino de Dios” (Jn 3:3).
Es un líder de la religión judía, ha sentido en su corazón visitar a Jesús y así lo ha hecho, le
reconoce como “maestro” venido de Dios, ha observado “señales” de la presencia de Dios en
Jesús; sin embargo, todo eso no le era suficiente. Nicodemo necesitaba la fe que el mismo Jesús
lo ha dicho “todo aquel que en él cree” (Jn 3:16). Pues, no toda fe es auténtica ni lleva a la
salvación. El conocimiento de Jesús, de la Biblia y de las doctrinas o teología de la iglesia sin la
sensibilidad para obrar en bien del prójimo es totalmente errado, es fe especulativa. La fe que
prioriza el carisma y poder del Espíritu sobre la ética en el Espíritu es totalmente errada y
peligrosa (Mt 7: 21-23). La fe de quien practica las obras de piedad sin la práctica de las obras
de misericordia no es suficiente. Nicodemo por muchos años, como líder religioso había estado
seguro en su fe pero ahora ante Jesús se desestabiliza. Hay muchas falsas seguridades hoy en día:
la ciencia y la tecnología, las carreras profesionales, el poder político y militar; pero se vive un
sin sentido, vacío existencial, aburrimiento, corrupción, violencia, desigualdades, exclusiones y
muerte no natural es el resultado.


Jesús reta a Nicodemo a creer, a tener fe, pero una fe auténtica. Dos veces repite “para
que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn 3:15-16). La fe auténtica,
decía Juan Wesley (González 1996) es una confianza plena en Jesucristo y solo en él. Seguridad
y confianza en Dios de que, por medio de los méritos de Cristo, nuestros pecados han sido
perdonados y hemos sido reconciliados con Dios. (González, 1996: 359-363). Nuestros pecados
internos han sido limpiados y nuestros pecados externos, perdonados. Y este creer debía llevar a
Nicodemo, y a nosotros también, al arrepentimiento. El principio protestante Solo Cristo sigue
vigente y debe ser proclamado como la respuesta a un mundo caído y herido en el pecado
personal, social y estructural. Creer, como dice Jesús, es también confiar que tenemos poder
sobre el pecado, de que hemos sido hechos libres por la Gracia de Dios, más allá de todo lo
bueno que pueda ofrecer la religión y/o la iglesia. Hay cristianos/as que enfatizan el poder del
Espíritu Santo para obrar milagros, sanidades, profecías y otras acciones pero descuidan el modo
de vivir, la ética. Sin dejar de creer en los carismas, debemos de creer que Dios es poderoso para
obrar en nosotros y darnos victoria sobre el pecado (Mt 1:21), sobre los deseos e inclinaciones
pecaminosas como la codicia, el orgullo, la envidia, malos pensamientos y adicciones de toda
clase; también para evitar la violencia, el maltrato, el abuso de poder, etc.


Nicodemo experimenta crisis ante la presencia y dichos de Jesús. Sus preguntas revelan
que no tenía paz. “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda
vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Jn 3:4). “¿Cómo puede hacerse esto?” (Jn 3:9). Creer es
tener paz. Esta paz se necesita hoy en día donde muchas personas optan por calmantes,
borracheras, turismo para disfrutar de tranquilidad. Mucho de esto es válido. Pero el peso del
aburrimiento, insatisfacción y carga de conciencia no desaparece. La paz se alcanza mediante el
perdón gratuito de Dios que restaura nuestro interior y la paz para con el prójimo que restaura
amistades, esposos, familias y comunidades enteras. Es ser felices. Esta paz interna moviliza a
construir la paz de otras personas, de la comunidad y país. Esta paz es fruto de la justicia no de la
imposición de las armas, ni de la fuerza y la violencia como lo han hecho Rafael Leónidas
Trujillo 1930-1961 en República Dominicana, Jorge Ubico Castañeda 1931-1944 en Guatemala,
la Dinastía Somoza: Anastasio Somoza García, Luis Somoza DeBayle y Anastasio Somoza
DeBayle 1933-1979 en Nicaragua. (Rouquié, 1981: 4). Asimismo Alfredo Stroessner Matiauda
1954-1989 en Paraguay, Juan Domingo Perón 1943-1955 y Jorge Rafael Videla 1976-1981 en
Argentina, Augusto Pinochet Ugarte 1973-1990 en Chile (Arratia, 2010: 35-36 y 38). Por otro
lado, hubo dictadores menos violentos y/o que justificaron sus actos para ser percibidos como
defensores del progreso, del desarrollo y hasta de la democracia, tales como José de la Cruz
Porfirio Díaz Mori 1876-1910 en México y Augusto Bernardino Leguía y Salcedo 1919-1930 en
Perú. (Rouquié, 1981: 4). No son los únicos, pero suficiente para hacernos notar que el poder no
ha estado siempre al servicio del pueblo sino que ha llevado a muchas muertes. En nuestra
opinión, Alberto Kenya Fujimori Fujimori en Perú 1993-2000, y últimamente Luis Alberto
Otárola Peñaranda y Dina Ercilia Boluarte Zegarra 2022-2023, junto a los ya mencionados,
consiguieron imponer la paz a costa de la muerte de miles de sus conciudadanos de quienes
juraron proteger. Esa no es la paz querida por nuestro Dios y debe ser rechazada. No obstante,
Miguel Ángel Mansilla & Luis Orellana (2014), mencionan que no todos los pastores
evangélicos rechazaron la dictadura instalada por Pinochet en Chile, algunos hicieron público su
apoyo. (Mansilla & Orellana, 2014: 147). Esto mismo se aprecia en los demás países.


La esperanza viva
Jesús lleva a Nicodemo a desarrollar la esperanza cristiana. No le deja en el vacío, sino
que le muestra un porvenir mejor “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es
necesario que el Hijo del Hombre sea levantado” (Jn 3:14). La segunda señal escrituraria de los
que son nacidos de Dios es la esperanza, gritaba el gran predicador Juan Wesley (González
1996). Para Pedro la esperanza cristiana es una esperanza viva o viviente. Dios “nos hizo renacer
para una esperanza viva” (1 Pe 1:3). Tener esperanza viva es mantener una plena certidumbre de
fe y plena certeza. Es el testimonio de nuestro espíritu o conciencia de que caminamos con
sencillez y sinceridad. Es el testimonio del Espíritu dando testimonio a nuestro espíritu de que
somos hijos de Dios y coherederos con Cristo. La esperanza supera la necesidad y la misma
muerte. (González, 1996: 366-369).

Una nueva persona capaz de amar
Nicodemo debe entender que siendo él un líder religioso, formada en los valores de su
comunidad de fe, debía dar un paso más: “Os es necesario nacer de nuevo” (Jn 3:7). Tal como
enseñara Juan Wesley (González 1996), la tercera y más grande señal escrituraria de los que son
nacidos de Dios es ser una nueva persona capaz de amar. Quien ha nacido de nuevo ama a Dios
Padre sobre todas las cosas. Tiene un corazón donde Dios ha derramado su amor. Claman a él
por su pan cotidiano, por todo lo que necesitan para sus almas y sus cuerpos (González, 1996:
370); pero también por la justicia social, el cuidado del ecosistema, el respeto de los Derechos
Humanos, por el bien de todas y todos. También, quien ha nacido de Dios ama a Jesucristo, así
como al Padre. Está tan unido al Señor que forman un solo espíritu. Su alma está extasiada en él.


Expresa su alabanza.
Además, quien ha nacido de nuevo ama a su prójimo y prójima. En una sociedad marcada
por la discriminación por parte de los judíos de Jerusalén hacia los judíos de Samaria y de
Galilea, Jesús llama a Nicodemo a considerar el amor de Dios expresado por él mismo en la
cruz. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo
aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a Su Hijo al
mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Jn 3:16-17). Este amor
de Dios que se derrama en el corazón de quienes creen, tal como lo predicó Juan Wesley, le debe
llevar al creyente a amar a todas las personas creadas por Dios, sin exceptuar a nadie, ni siquiera
a sus enemigos. (González, 1996: 371). Es un amor que sigue el modelo de Cristo y hasta el
sacrificio. Es amar al prójimo como a nosotros mismos (Lc 10:27), y de entre nuestros
prójimos/as nos ponemos al lado de quienes son víctimas, están excluidos/as. Por eso, nuestra
lucha como cristianos tiene que ser frontal contra el terrorismo de Estado, la violencia estructural
y simbólica, contra la trata de personas, el armamentismo. Hacemos nuestra la proclama de Jesús
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los
pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, Y la recuperación de la vista a los
ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año favorable del Señor” (Lc
4:18-19). También asumimos el compromiso de “Abre tu boca por los mudos, por los derechos
de todos los desdichados. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y
del necesitado” (Pr 31:8-9). Nicodemo debería nacer al amor, nacer de nuevo para entrar al reino
proclamado por Jesús, que “no viene con señales visibles, ni dirán: “¡Miren, aquí está!” o: “¡Allí
está!”. Porque, el reino de Dios está entre ustedes” (Lc 17:20-21). Por eso, optamos por trabajar
junto a Jesús en la construcción de su reino aquí y ahora, como dijera José Godínez Terrones
(2016), “Ser cristiano es transformar las relaciones sociales, romper el estatus de superioridad o
inferioridad, es construir una sociedad más igualitaria, que parta de la igualdad de la condición
humana, hijos de Dios…”. (Godínez, 2016: 64).


Conclusiones
La señal de que hemos nacido de nuevo es tener una fe auténtica, más allá de la doctrina,
la teología y la iglesia misma, es experimentar lo que se cree. Otra señal de que hemos nacido de
nuevo es mantener la esperanza viva, una esperanza que supera todo entendimiento y que se
funda en la fidelidad y poder de Dios. La tercera señal de que hemos nacido de Dios que somos
nuevas personas llenas del amor a Dios y al prójimo, y por eso estamos comprometidos a buscar
el bienestar de todas y todos sin distinción de ninguna clase.

Referencias

  • Arratia, Alejandro. (2010). Dictaduras latinoamericanas. Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, 2010, Vol. XVI, No. 1 (ene-jun), pp. 33-51.
  • González, Justo. (1996). Obras de Wesley, Tomo I, Sermones I. USA: Wesley Heritage Foundation, Inc.
  • Mansilla, Miguel Ángel & Orellana, Luis. (2014). Participaciones activas y pasivas de los evangélicos en los espacios públicos y políticos en Chile entre 1973 y 1999. Revista de Estudios Sociales No. 51. Bogotá, enero – marzo de 2015, pp. 146-159.
  • Nueva Biblia de las Américas (2005). https://www.bibliatodo.com/la-biblia/version/nuevabiblia-de-las-americas
  • Rouquié, Alain. 1981. Dictadores, militares y legitimidad en América Latina. Critica & Utopía Latinoamericana de Ciencias Sociales, N° 5, sep 1981. Buenos Aires: Consejo
    Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
  • Godínez Terrones, José de Jesús. (2017). ¿La política construye el Reino de Dios? Papel
    Político, Vol. 22, No. 1, enero-junio 2017, Bogotá (Colombia), pp. 59-76
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